cohousing

Vivimos en un mundo muy individualista, de eso no hay duda. Sin embargo, existen pequeños reductos donde podemos encontrar, tanto en ciudades como en núcleos rurales, personas que quieren compartir parte de su vida con la comunidad. Hoy os hablamos de ellos a través de las casas de cohousing.

¿Qué es el cohousing?

Conocidas también como viviendas colaborativas, tienen una forma muy concreta de entender los vínculos entre vida familiar y comunitaria. Aunque cuentan con un espacio privado en el que cada hogar tiene los servicios mínimos (cocina, baño, habitaciones…), los espacios comunes amplían en gran medida los metros cuadrados donde hacer vida cotidiana. En ellos se llevan a cabo actividades y servicios que toda comunidad necesita. Lavandería, oficinas, gimnasio, sala de actos, jardines, zonas de juego, invernadero, enfermería…

La gestión de estas tareas se lleva a cabo desde la propia comunidad y cómo sus miembros elijan. Así consiguen compartir y dividir actividades como cuidar de los niños, limpiar la comunidad o regar los jardines con la participación de todos. En consecuencia, aunque los pisos individuales no tengan gran cantidad de metros cuadrados, el espacio en el que se realiza la vida en común es mucho más amplia.

Tipos de viviendas colaborativas

Las casas que componen la comunidad de cohousing pueden ser muy diversas: 

cohousing

Unifamiliares, adosadas, en bloque… Como esta forma de entender la vida comunitaria puede darse tanto en ciudad como en entornos rurales, los espacios comunes pueden estar dentro de un mismo edificio, repartidos por diferentes bloques o en zonas verdes exteriores.

Además, cabe destacar que la propiedad de estas residencias no es igual a la que vemos en los contratos tradicionales. Aunque en cada caso puede variar según establezca la comunidad en conjunto, en general una cooperativa suele ser la propietaria, pero los particulares tienen derecho de uso indefinido de las mismas. Este derecho puede heredarse y venderse.

Beneficios de la propiedad cohousing

Estas viviendas colaborativas, al combinar de manera eficaz las zonas comunes y privadas para brindar el máximo número de servicios gestionados por los propios miembros, tienen un coste menor que las tradicionales. Por otro lado, su propiedad hace que cada familia pueda cambiar de residencia según sus necesidades. Sin sufrir así la inestabilidad de un alquiler.

Los beneficios sociales son más que evidentes, ya que las personas se sienten parte de una comunidad que les brinda ayuda y que agradece su compromiso. Este contacto humano (que suele perderse en las grandes ciudades) cohesiona a los miembros. Brindándoles además la posibilidad de desarrollar (en mayor medida que en otros contextos) su faceta social.

Esta forma de entender la vida en comunidad también tiene ventajas medioambientales, pues fomenta el respeto por el entorno natural que la rodea para poder seguir disfrutándolo. Además, en este tipo de vecindades suele tener un gran peso los hábitos ecológicos como el ahorro de agua o el reciclaje en el hogar.

Curiosa e interesante forma de vida en comunidad, ¿verdad? Comparte este post con amigos y familiares a los que crees que también les podría interesar. ¿Quién sabe? Quizá termináis conviviendo en las cohousing para mayores.