¿Escuchas a tus hijos? Porque esa es la norma básica para instaurar, dentro de unos límites razonables, una democracia en casa. Te explicamos las conductas que fomentarán el entendimiento entre todos los miembros de la familia y la toma de decisiones conjuntas.

Promover la autonomía

El primer paso para tener en cuenta las opiniones de los menores es su autonomía y capacidad de autogestión. Si los niños demuestran ser responsables de sus obligaciones sin necesidad de que los padres estén constantemente pendientes, sin duda darán pruebas de que sus opiniones deben tenerse en cuenta. Buenos ejemplos son los estudios, el cuidado de las mascotas o la ayuda en las tareas domésticas.

Pero no todo el peso recae sobre los pequeños. Los padres deben tener en cuenta que a una determinada edad deben dejar que sus hijos sean responsables de sus propias decisiones y que conozcan las consecuencias de las mismas.

Así, y con mucho afecto, el conjunto de la familia establecerá una serie de normas que todas las partes acatarán. De la misma manera que un niño tendrá un castigo si no cumple su parte del trato, los padres también deben tenerlo si no cumplen la suya. Solo así podrán lograr ser una verdadera familia democrática. Por ejemplo, si el peque no limpia su habitación puede tener la misma consecuencia negativa que si sus padres no lo hacen con la suya  puede ser limpiar el salón o hacer la comida al día siguiente).

Comunicación ante todo

Los padres deben enseñar a sus hijos, desde sus primeros años de vida, a comunicarse, expresar sus sentimientos y controlar los impulsos. Así se establecerá una relación basada en la transparencia y el cariño.

Los mayores debemos aprender muchas veces a escuchar a nuestros hijos sin criticarlos, juzgarlos ni culpabilizarlos. Solo así podremos llegar a un entendimiento con ellos para establecer unas normas comunes que sean consideradas medianamente justas por todos. Así, conforme el niño va cumpliendo años, su capacidad de negociar y argumentar también será mayor.

Cuando los hijos son pequeños y estamos comenzando con el proceso de instaurar la democracia en el hogar, es muy importante que las consecuencias de los actos sean claras y fáciles de recordar. Además, también deben ser proporcionadas y adecuadas a la edad de los niños.

Las normas son las normas

Es muy importante que las reglas se cumplan por ambas partes tanto cuando el niño está acompañado como cuando ya es mayor y puede quedarse solo en casa. En caso contrario, las consecuencias deben aplicarse siempre y sin excepción, por muchas rabietas y situaciones incómodas que nos hagan padecer nuestros hijos.

Esto se debe a que los niños (sobre todo de pequeños) van midiendo los límites que tienen los adultos. Como estos no estén claros desde el principio o los peques se den cuenta de que hay fisuras en ellos (y que pueden evadir el castigo con, por ejemplo, una rabieta muy fuerte), se convertirán en verdaderos tiranos con sus padres.

Para poder decir que todos acatan las normas, los padres también deben sufrir las consecuencias si son ellos los que no cumplen con sus compromisos. De esta manera, los adultos tendrán toda la legitimidad del mundo de pedirles a los niños el cumplimiento de las normas que les atañen.

Seguro que conoces a más de una familia que también necesita estos consejos para instaurar unas normas comunes. Comparte en redes este artículo para que la democracia en la casa llegue al mayor número de hogares posible. Porque, recuerda, ¡los niños de hoy serán los líderes del mañana!